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#MESDELACV: LA HISTORIA DE PAMELA Y LA IMPORTANCIA DE ACTUAR A TIEMPO

“Jamás pensé que me iba a dar a mí”. Así recuerda Pamela Manfredi Chamberlain, de 52 años, lo que vivió en marzo pasado, cuando un Ataque Cerebrovascular (ACV) cambió su vida de un momento a otro. Su historia refleja por qué reconocer las señales y actuar a tiempo puede marcar la diferencia.

Durante octubre, el Hospital Militar de Santiago (HMS) se suma al Mes del ACV para concientizar sobre esta emergencia de salud, que afecta cada año a cerca de 40 mil personas en Chile.

Pamela estaba en su casa. No sintió dolor de cabeza ni tuvo problemas de visión u otras señales que le permitieran anticipar lo que estaba ocurriendo. De pronto, sus piernas comenzaron a adormecerse, se desvaneció y cayó al suelo. Intentó llamar a su hijo, pero no podía hablar.

La reacción de un matrimonio amigo fue decisiva: al advertir que algo no estaba bien, la trasladaron rápidamente a un centro asistencial. Cerca de dos horas después del inicio de los síntomas, Pamela llegó al HMS, donde se activó el código ACV y comenzó su tratamiento de inmediato. “Ellos fueron la pieza clave para que yo llegara pronto aquí… por eso estoy viva”, recuerda emocionada.

Verónica Astudillo Roa, enfermera de la Unidad de Tratamiento Intensivo (UTI) del HMS, destaca la importancia de recibir atención oportuna. “La acción rápida ha permitido que ella recupere su funcionalidad y esté incorporándose a las actividades de su día a día”, explica al referirse a la evolución de Pamela.

El HMS cuenta con neurólogos y un equipo multidisciplinario disponible las 24 horas para responder ante estas emergencias. Sin embargo, reconocer las señales y buscar atención inmediata es fundamental. “Ante cualquier sospecha de sintomatología que pueda generar dudas de un ACV, es necesario que todos actuemos”, enfatiza la enfermera.

Una recuperación marcada por el cuidado

Durante su recuperación, Pamela enfrentó la pérdida temporal de movilidad de un brazo y una pierna, dificultades de equilibrio y alteraciones de la memoria. En ese proceso recibió el apoyo de médicos, enfermeras, kinesiólogos, terapeutas ocupacionales y otros integrantes del equipo HMS. “Me atendían bien, me bañaban, me cuidaban, me dignificaban. Y eso se agradece mucho”, recuerda, destacando no solo la atención clínica, sino también el trato humano recibido.

Hoy, Pamela agradece estar viva y reconoce a quienes actuaron cuando ella no podía hacerlo. Su experiencia deja un mensaje claro: “Un ACV puede pasarle a cualquiera. A mí me pasó a los 52 años. La velocidad hizo la diferencia… y hoy estoy aquí para contarlo”, concluye.

Con este testimonio, el HMS refuerza su compromiso con la prevención y el llamado a reconocer las señales de un ACV y buscar atención médica de inmediato. Infórmate, mantente alerta y actúa sin demora: frente a un ACV, cada minuto cuenta.

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